Los Músculos Circundantes

Los Músculos Circundantes

Los fuertes en la fe debemos apoyar a los débiles, en vez de hacer lo que nos agrada.  Cada uno debe agradar al prójimo para su bien con el fin de edificarlo. —Romanos 15:1-2

Haga clic aquí para leer la lectura bíblica de esta semana:  Romanos 15:1-6

Correr ha sido una parte importante de mi vida desde la escuela secundaria, asi que no es extraño que haya desarrollado el síndrome de dolor patelofemoral, también conocido como “rodilla del corridor” o “rodilla del deportista”. Afortunadamente, es un caso leve. Pero incluso para las personas que no practican deporte, el uso normal por sí solo supone una enorme carga para las rodillas. Un artículo de noticias BBC afirma que con solo caminar, la fuerza sobre nuestras rodillas es una vez y media nuestro peso corporal. No es de extrañar que, a mediados de los treinta, la mayoría de nosotros empecemos a notar dolores, rigidez o crujidos en las rodillas.

La salud de nuestras articulaciones de rodilla es crucial para nuestra movilidad general y calidad de vida, y hoy en día no faltan consejos sobre cómo prevenir y tratar el dolor y las lesiones de rodilla. Estos consejos van desde simples remedios caseros, como las bolsas de hielo, hasta medidas drásticas, como la cirugía de reemplazo de rodilla. Sin embargo, lo que parece más prometedor son los ejercicios que fortalecen los músculos que rodean las rodillas. Cuando los isquiotibiales, los glúteos, los cuádriceps y los músculos de la pantorrilla están fuertes, sostienen la rodilla con estabilidad y absorben los impactos, lo que le permite funcionar bien.

El cuerpo de Cristo está llamado a desempeñar un papel similar. Pablo dice que los que son fuertes en la fe deben “soportar las debilidades de los débiles... y edificarlos” (Romanos 15:1-2). Y Eclesiastés 4:12 dice: “Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!”

Como cristianos, es fundamental que nos rodeemos de un sistema de apoyo sólido. Lo hacemos buscando intencionadamente amigos, mentores y comunidades de fe que amen al Señor con todo su corazón, alma, mente y fuerzas (Marcos 12:30) y nos animen activamente a hacer lo mismo.

Reflexióne: ¿Estás rodeado de fuertes «músculos» cristianos? ¿Qué pasos puedes dar para aumentar la fuerza de tu comunidad de fe?


Iniciador de Oración:

Señor, gracias por la comunidad cristiana en la que me has colocado. Fortalece a cada uno de nosotros en tu amor para que podamos apoyarnos y fortalecernos mutuamente.


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